7 errores frecuentes al pasear a tu perro y cómo evitarlos
Por Kanoa · 14 de octubre de 2026 · 3 min de lectura
Para la mayoría de los perros, el paseo es el mejor momento del día. También es cuando se cuelan pequeños errores, casi siempre por costumbre, que complican la salida o la hacen menos segura. Estos son los siete más habituales y las soluciones sencillas para corregirlos.
1. Salir sin agua
En verano o después de un buen rato de juego, un perro necesita beber con regularidad. Las fuentes no siempre están donde esperas, y los charcos no son una buena opción. Lleva agua siempre que el paseo dure más de 30 minutos. Una botella de agua para perro con bebedero integrado es la solución más práctica: tu perro bebe directamente del bebedero y el agua que sobra vuelve a la botella.
2. Pasear en las horas de más calor
El asfalto acumula calor y puede quemar las almohadillas. Haz la prueba del dorso de la mano: si no puedes mantenerla cinco segundos sobre el suelo, está demasiado caliente para tu perro. En verano, sal a primera hora de la mañana y a última hora de la tarde, busca la sombra y los caminos de tierra, y acorta los paseos los días de mucho calor.
3. Descuidar la visibilidad al anochecer
En otoño y en invierno, muchos paseos se hacen cuando ya está oscureciendo. Un perro de pelaje oscuro se vuelve entonces difícil de ver para ciclistas y conductores, y también para ti en cuanto se aleja en el parque. Un collar luminoso LED recargable, junto con un arnés con bandas reflectantes, resuelve el problema. Piensa también en hacerte visible tú: basta con una linterna frontal o un brazalete reflectante.
4. Olvidar la identificación
Hasta el perro más tranquilo puede asustarse con un petardo o salir corriendo detrás de un conejo. En España, como en muchos otros países, el microchip es obligatorio, pero para leerlo hace falta un lector. Una placa grabada con tu número de teléfono permite que cualquiera te llame de inmediato. Es el complemento más sencillo y económico para su seguridad.
5. Elegir un collar mal ajustado
Si está demasiado suelto, el collar puede salirse por la cabeza cuando el perro recula de golpe. Si está demasiado apretado, roza y resulta incómodo. La regla de los dos dedos sigue siendo la referencia: tienen que caber dos dedos en plano entre el collar y el cuello. Comprueba el ajuste con regularidad, sobre todo en los cachorros y después de un corte de pelo.
6. Usar una correa extensible en la ciudad
Práctica en pleno campo, la correa extensible lo es mucho menos en la acera: tu perro puede acabar en la calzada en un segundo, y el cordón fino es difícil de agarrar. En la ciudad, elige una correa fija de 1,5 a 2 metros, o una correa manos libres para mantener el control sin dejar de tener las manos libres. Reserva las grandes longitudes para los espacios abiertos, con una correa larga de adiestramiento enganchada al arnés.
7. Salir sin bolsas para excrementos
Recoger lo que deja tu perro es obligatorio en muchos municipios y, sobre todo, una cuestión de respeto hacia los demás paseantes. Lo más fácil es usar un dispensador de bolsas enganchado directamente a la correa: siempre está ahí, aunque cambies de abrigo. Guarda unos cuantos rollos de recambio en la mochila o en la guantera para no quedarte nunca sin bolsas.
Tu lista de comprobación antes de salir
Antes de cruzar la puerta, comprueba rápidamente que llevas:
- agua y algo donde tu perro pueda beber;
- un collar bien ajustado con una placa identificativa grabada;
- una luz o elementos reflectantes si está anocheciendo;
- suficientes bolsas para excrementos;
- unos cuantos premios para recompensar el buen comportamiento.
Con estos hábitos sencillos, cada paseo se vuelve más fácil, más seguro y más agradable, para ti y para tu perro.